En un contexto de pandemia, viajando individualmente, nos preservamos del contacto con otras personas.

Como es sabido, la llegada del COVID-19 ha generado cambios de hábitos. Lo natural que nos resultaba tomar un colectivo para trasladarnos, se convierte hoy en un verdadero riesgo, ya que compartimos un espacio acotado con personas que no conocemos.

En este contexto, donde la herramienta de preservación es el aislamiento y la distancia, los monopatines eléctricos nos permiten viajar sin necesidad de estar en contacto con otras personas.

Así como aplicamos el teletrabajo o la escuela virtual, la humanidad está pensando e implementando constantemente acciones, recursos y rutinas para evitar aglomeraciones.

Las relaciones interpersonales se conservar solo entre los más allegados.

Pero no somos una isla. Lo normal es que debamos trasladarnos y la mejor manera o alternativa post pandemia son los monopatines eléctricos urbanos.

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Ya son una realidad

En la Argentina, mientras la industria se adapta y crece, se calcula que circulan cerca de 5000 unidades solo en Capital Federal. Provincias del interior del país, con capitales fuertemente pobladas, también muestran su uso, como por ejemplo Tucumán, Mendoza o Rosario.

El monopatín está pensado para recorrer distancias cortas. Suele utilizarse para cubrir entre 8 y 15 kilómetros.

Por lo general y por lo relativamente nuevo de su implementación, aún no se pueden rentar o alquilar unidades, por lo que la única alternativa es la compra. En persona o en la web se pueden conseguir modelos, nuevos y usados.

Pero volviendo al contexto de la pandemia, los monopatines eléctricos nos permiten la libertad y seguridad de viajar individualmente, sin someternos al contacto interpersonal no recomendado.

Además, estas unidades de menos de 20 kilos, son fáciles de limpiar y mantener, son mucho más económicas que las motos, consumen mucho menos y cuentan con una autonomía que permite circular el día entero en trayectos cortos.

El boom

La pandemia trajo un boom de ventas de monopatines eléctricos y son tendencia a nivel mundial.

En todo el planeta, sometido a brotes y rebrotes, subtes, colectivos y trenes parecen ser malas palabras, casi en peligro de extinción.

El auge de los monopatines eléctricos genera, además de ser cuestión de salud, una mayor conciencia en el cuidado del medio ambiente e incluso para ahorrar recursos de consumo.

La popularidad de este transporte creció vertiginosamente en los últimos meses. En los últimos dos años el monopatín dejó de ser un juguete para ser un vehículo. Por algo ya están instalados en gran parte del mundo.

La cuarentena parece haber ubicado al monopatín en el podio de los ganadores de la pandemia, con una demanda que no cesa.

Algunos referentes de la industria grafican la demanda con una duplicación de consultas de enero a junio del 2020.

Clientes no tan jóvenes

Uno de los momentos donde se dieron más ventas, fue en el Día del Padre, que este año quedó un tanto camuflado entre la pandemia. Con este dato se pretende graficar que no solo los más jóvenes utilizan los monopatines.

La industria lo sabe, por eso algunos modelos de monopatines soportan hasta 120 kilogramos.

El 80% de los clientes argentinos tienen entre 25 y 44 años, cerca del 10% entre 44 y 55 y solo un 8% está ubicado entre los 18 y los 24.

Los precios de mercado surgen de algunas variables de fabricación como potencia del motor, tamaño de la batería, diseño, tipo de rodado, autonomía.

Como herramienta de trabajo

Ante el miedo de volver a viajar en transporte público como consecuencia del coronavirus, el negocio de las bicicletas y monopatines eléctricos, avanza.

Según las encuestas, casi la mitad de los trabajadores argentinos que deben trasladarse para desarrollar sus tareas, evitarán el transporte público tras pandemia.

La adopción de las 2 ruedas, surge como primera opción para ir a trabajar de forma segura y saludable.

En materia de movilidad hoy se suman dos factores: la necesidad de preservan nuestra salud y por otra parte, utilizar modos de traslado que sean más sustentables y de baterías eléctricas, sin provocar smog.

Resumiendo, la pandemia ha impuesto repensar la forma de movilizarse para hacerlo de manera individual. Claro que también está la moto y la bicicleta, pero la irrupción del monopatín parece sumar adeptos.

Aparte de ser novedoso, podríamos decir que se ha puesto de moda, dada la buena prensa que tiene al no hacer ruido, no largar humo y ser ecológico.

Este dispositivo de movilidad urbana para distancias cortas, trae un cargador similar al de una notebook, lo que permite la recarga de la batería.

A la hora de revisar las normativas, hoy no están muy desarrolladas. Es obligatorio el uso de casco, luz delantera y trasera, timbre sonoro y que sea utilizado por una sola persona a la vez. Para su uso deben utilizarse los senderos determinados y en caso de no haberlos, ir por la calle ya que está prohibido en las veredas.

Hoy cumple con todo lo que el momento requiere. Es económico, liviano, práctico y nos permite una movilidad individual anti-COVID.
Claramente llegó para quedarse.