Cada vez más el diseño del transporte urbano se basa en dos ruedas y las bicis, ahora eléctricas, reclaman su lugar histórico.

Si hacemos historia, no creemos que el padre de la bicicleta, el inventor alemán Karl Drais, haya imaginado allá por el 1817, que algún día su idea iba a ser eléctrica y recargable.

Incluso más, ya que estas bicis con motor eléctrico alimentado por una batería que se recarga en la red eléctrica o panel solar, logran una autonomía de entre 30 y 60 kilómetros y la mayoría de los modelos, son plegables.

Lo cierto es que la bici, con o sin batería, ha mantenido en el tiempo su espíritu de ser un medio de transporte sano, sostenible, ecológico y económico.

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Los habitualmente denominados vehículos urbanos, como monopatines, bicis tradicionales o bicicletas eléctricas y scooters, por nombrar algunos, han crecido en demanda y elección de manera exponencial.

Por lo general son un transporte unipersonal, lo que en contexto de pandemia puede ser considerado un beneficio, como contra cara del transporte público de pasajeros.

El incremento en su elección y uso ha venido en aumento desde hace ya varios años.

La bicicleta dio el puntapié histórico, evolucionó a la bici con batería y agrandó la familia con los monopatines eléctricos, las bicis plegables y los scooters. En las grandes ciudades están por todos lados, inundando las calles.

Estos vehículos de micromovilidad urbana conviven con los restantes autos, camionetas, colectivos y motos en la calle. En algunas ciudades y países, utilizan sendas específicas, lo que hace más segura su utilización. Incluso, en algunos lugares del mundo, hay monopatines de alquiler y no es para menos, ya que son un medio de transporte sencillo y muy ágil, ideal para cortas distancias.

¿Cómo funciona una bicicleta eléctrica?

Es un proceso tan simple como encender su motor con la llave. El tener el motor eléctrico incorporado soluciona todo lo demás.

Para mantenerla encendida solo tenemos que pedalear ya que en caso contrario, hay modelos que se detienen.

El motor se activa, ayudando al usuario, con solo pedalear cuando está en movimiento. Se llama pedaleo asistido y permite ganar velocidad, pedaleando menos y ayudando a enfrentar pesadas lomas.

El nombrado sistema de pedaleo asistido cuenta con un sensor que detecta la fuerza que se transmite a los pedales y se registra esa señal para que el motor asista al pedaleo, pero no sustituye el mismo, sino que lo acompaña y alivia.

El motor cuenta con una batería que es necesario mantener cargada.

Los beneficios del transporte individual

Enumeramos algunas de las ventajas:

– Libertad: siempre se consideró que tener movilidad brindaba comodidad y rapidez. Sin embargo, el crecimiento del parque automotor y las horas picos, generan aglomeraciones que nos suelen tener de rehenes durante largos periodos de tiempo. Sumemos luego encontrar un estacionamiento y abonarlo. En cambio, el uso de la bicicleta permite moverse sin condicionamientos, con mayor libertad, lejos de embotellamientos o cortes de tránsito. Mientras todos insultan, nosotros viajaremos casi gozando de un paseo de disfrute.

– Independencia: justamente, al no depender del transporte público o las complicaciones del tránsito, podemos disfrutar de la autonomía que nos permite saber que llegaremos a horario sin mayores inconvenientes. Lamentablemente no podemos contar con certeza ni puntualidad cuando hablamos del servicio de transporte público ya sea en subtes, trenes o colectivos. Además, lo más probable es que viajemos apretadísimos.

– Beneficios en la salud: cuando incorporamos a nuestra vida la utilización de la bicicleta tradicional o eléctrica, logramos grandes beneficios para nuestra salud tanto física como mental. La tradicional es un gran ejercicio para el cuerpo, quemando calorías y rompiendo el sedentarismo. La eléctrica exige menos, pero es una forma ecológica y económica de viajar, despejando la mente y ganándole la batalla al estrés. Está comprobado científicamente el positivo impacto de la bici en nuestra salud física, mental y el estado de ánimo y humor.

– Barato: los vehículos tradicionales implican grandes gastos. Desde su compra hasta el mantenimiento, combustible y más. Ni hablemos si sufrimos un choque o rotura. La bici no genera otros gastos salvo su compra. Fin del tema.

Micromovilidad urbana como prevención en pandemia

El uso de la bicicleta esta viviendo un apogeo, una especie de resurgimiento en este contexto de virus y pandemia, multiplicando sus consultas y ventas.

A todos los beneficios que nombramos anteriormente, se suma la posibilidad de utilizar un medio de movilidad independiente, sin compartir un transporte público donde la circulación y transmisión de alguna enfermedad podría ser el ámbito propicio.

La bicicleta eléctrica permite achicar distancias en poco tiempo, y surge como una alternativa de traslado más segura para evitar aglomeraciones de gente, lugares cerrados y posiblemente de mayores contagios.

Realmente tanto la bicicleta tradicional como la eléctrica, son muy versátiles. Es por eso que si la tenemos a mano, la utilizaremos para hacer las compras en el barrio, salir a distraernos con los chicos, disfrutar del aire libre o ir y volver de trabajar. La problemática de la salud ha generado que los usuarios prefieran evitar el transporte público y se van trasladando de a poco a nuevas forma de movilidad personal como la querida bici.

En ese contexto, el uso de la bicicleta eléctrica es cada vez más habitual. Su lista de características positivas la destaca del resto, ya que no contamina y es ecológica, su batería se recarga con la corriente eléctrica, ahorra dinero, evita trámites y no requiere mantenimiento. La elección es muy fácil.