Es un clásico que en el Día del Amigo, los que así se sientan, compartan un buen asado. Pero, ¿qué pasa si nos toca cocinar y no tenemos parrilla? ¿Qué parrilla es la indicada?

Ese sería un verdadero papelón. Un momento incómodo. Que nos toque hacer el asado del Día del Amigo y no tengamos ni parrilla.

Pero tranquilos, que tiene solución. Nada va a suspender el asado del Día del Amigo.

Ya mismo saldremos a buscar una parrilla. Esta tarea parece fácil, pero no lo es. Por lo pronto nos encontraremos con dos grandes mundos: las parrillas de hierro o las de acero inoxidable. Y de ahí en más, las dudas, ya que uno no se anda comprando una parrilla todos los días, y por el contrario, pretende que sea compañera fiel para toda la vida.

En estas líneas acercaremos consejos para comprar la parrilla indicada.

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¿Qué tipo de parrilla es la mejor para el asadito?

No entraremos en el detalle de resolver ahora si nuestra parrilla será a gas o a leña.

Aquí lo que importan son los “fierros”.

Debemos determinar si optaremos por el acero inoxidable o el hierro fundido. Hay defensores de las parrillas de acero inoxidable argumentando que el material de fabricación es de mayor calidad y esto no es tan así.

Las de hierro fundido han pasado de generación en generación en algunas familias por años, por lo que el argumento del material, queda al menos empatado.

Aquí lo primero a resolver, es el verdadero uso que le daremos. Acorde a esto, y sumando otras variables, como por ejemplo las dimensiones o tamaño o el lugar donde quedará instalada nuestra parrilla, nos ayudarán a elegir mejor.

Hablemos de la parrilla de acero inoxidable

El acero inoxidable es capaz de soportar sin problemas grandes cambios de temperatura, no se oxida y se limpia con facilidad gracias a su superficie lisa.

Para los detallistas de la estética, su resplandor es atractivo, pero hay que mantenerla limpia, sin rastros de comidas.

Una de las contras es que suele ser un poco menos económica que las de hierro.

Si optamos por una parrilla de acero inoxidable, procuremos que las barras de confección de la misma sean lo suficientemente gruesas. De esta manera lograremos mayor perdurabilidad pero además, que el material tenga la capacidad de acumular calor para luego liberarlo en las carnes apoyadas. Las barras deben tener un diámetro de, como mínimo, 5 milímetros. Con este grosor, además, dejaran unas marcas vistosas de cocción en nuestras carnes.

Resumiendo y para contar las buenas, la parrilla de acero inoxidable, como su nombre lo indica, no se oxida. Además, se puede limpiar fácilmente con un cepillo. Es resistente al agua y a las potenciales caídas. Permiten cocción directa y son visualmente atractivas y relucientes.

A la hora de las contras, son un poco más caras y si no estamos atentos y compramos con barras finas, nos vamos a lamentar cada vez que prendemos fuego.

Parrilla de hierro fundido

Si lo que buscamos es una buena conductividad térmica, ya tenemos la respuesta correcta: vamos por la parrilla de hierro fundido. Para cocinar y lograr esas marcas de

cocción perfectas, son las indicadas. Además, al ser macizas, aseguran una mayor acumulación de calor.

En las contras, encontramos que es posible que si está a la intemperie o en contacto con la humedad, se oxiden. No se suelen lavar, y no se pueden limpiar con acero porque les quita la capa protectora que cubre cada fierro. Ese hierro fundido debe estar sellado para no oxidarse y en el peor de los casos, llegar a trasladar oxido a la comida.

Conviene dejarlas siempre a resguardo del clima.

Repasando las ventajas de las parrillas de hierro fundido, conducen mejor el calor, son macizas, robustas y a veces pesadas. Si es móvil, puede usarse de los dos lados.

Además, son más económicas, pero atentos, que más barato no significa necesariamente peor.

Como contra, el cuidado del esmaltado es fundamental. En todo caso, tomémonos el trabajo de cubrir con grasa o aceite las barras antes de cocinar.

Si buscamos un ganador, no lo hay, ya que hay una parrilla para cada gusto, para cada asador.
Lo importante, es que nada suspenda o cancele el asado del Día del Amigo. ¡Suerte!