Una práctica que procura ganar tiempo y concentración.

Hoy todo es rápido, pero rápido no quiere decir apurado o mal.

La lectura rápida nos proporciona múltiples beneficios. Además de llevarnos menos tiempo de reloj, nos permite desarrollar mayor concentración, asimilar más información, determinar las ideas más importantes, asociar los elementos nuevos con los ya adquiridos y lograr un buen registro en nuestro cerebro.

Esta práctica nos ayudará de gran manera a la hora de estudiar o analizar textos y documentación específica.

Según estudios científicos, una persona normal lee unas 250 palabras por minuto, mientras que si se emplean técnicas de lectura rápida puede incrementarse la velocidad y llegar a leer entre 400 y 700 palabras por minuto. Y no solo son más palabras, es mayor la comprensión del texto leído.

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10 trucos para desarrollar y mejorar tu velocidad lectura

Esta técnica se ha desarrollado y hoy en día existen trucos y recomendaciones muy útiles para adquirir e implementar esta útil habilidad. Con ella ganaremos en productividad, memoria, entendimiento, comprensión y rendimiento.

Naturalmente aprender a leer rápido y comprender los contenidos no es cosa de un día para el otro.

La implementación de métodos e incluso la combinación de varios de ellos nos ayudará a ver progresos pronto.

No existe fórmula mágica, pero si técnicas que nos exigirán concentración y práctica diaria para lograr nuestra anhelada velocidad de lectura.

Aquí te acercamos un punteo rápido de 10 consejos:

· No debemos subvocalizar: Es la pronunciación casi murmurada, muchas veces parcial, entrecortada e inconsciente de las palabras mientras leemos o estudiamos. Si bien puede ayudarnos a seguir un ritmo, es un obstáculo para la lectura rápida ya que hace que el cerebro esté enviando otra orden más, no solo absorbiendo contenidos. Procuremos no hacerlo.

· Evitemos volver sobre el texto ya leído: Cuando leemos, algunas veces, la mirada vuelve a palabras pasadas para confirmar. Ese tiempo es valioso y volver no mejora la comprensión, es más, suele cortar el ritmo de lectura. Ese retome se debe generalmente a distracciones o falta de concentración. En todo caso, bajemos la velocidad, pero que el conocimiento se adquiera directamente.

· Controlemos los movimientos oculares: Así como nuestra lectura suele volver hacia atrás, también a veces saltea palabras. Por eso es recomendable mover los ojos lo menos posible, enfocados en cada línea y solo en ella. Y no busquemos adelantarnos. Las investigaciones establecen que el límite de visualización es de 8 letras hacia la derecha y solo 4 hacia la izquierda, lo que se traduce en 2 o 3 palabras a la vez.

· Velocidad versus comprensión: Un ejercicio que suele utilizarse es leer lo más rápido posible, aun sin comprender el texto. Con una práctica consecutiva, se asimilará la velocidad y se irá incorporando la comprensión. Podemos mover un lápiz o una regla y tratar de leer al ritmo que nuestra herramienta nos hace de puntero. Luego tomamos un descanso y volvemos a internarlo ganando velocidad, buscarndo comprender en mayor medida el contenido.

· Utilicemos apps PVSR: Esta sigla significa presentación visual serial rápida, es decir, una técnica de exposición visual que muestra el contenido por fragmentos y de manera secuencial. Hoy se utilizan apps o programas informáticos que muestran el texto una velocidad muy rápida pero solo una palabra a la vez. Con una velocidad regulable, sumaras palabras sin perder comprensión.

· Lectura superficial: Es un método útil y eficaz para alcanzar la comprensión general de un texto pero, como se indica, de manera superficial. En las noticias por ejemplo, leer títulos y bajadas para tener contexto y luego sobrevolar los párrafos ya sabiendo qué es lo importante.

· Leer más rápido en bloques: No leamos palabra por palabra, individualmente o separada. El proceso de palabra por palabra es lento. Exijámonos más, ya que el cerebro tiene la capacidad de llenar espacios vacíos y completarlos con información. Con esta técnica leeremos solo el 50% de las palabras, pero comprenderemos todo el texto.

· Pongamos en foco en sustantivos, adjetivos y verbos: Son las palabras claves. Para estudiar podemos remarcarlas. En un libro cualquiera, dirijamos nuestra atención al verlas en las líneas, por sobre las otras palabras. Ideales para crear resúmenes.

– Todo está en la primera oración: Si nos perdemos en el texto, busquemos repasar la primera oración de cada párrafo. Ahí están los puntos clave del texto. También serán de mucha ayuda las fotos, imágenes, diagramas o infografías.

· Tomarnos el tiempo: Es la forma de constatar si evolucionamos. Se suele medir por palabras por minuto o ppm. Se cuentan las palabras de una página y con un cronómetro con alarma establecemos un periodo de tiempo, por ejemplo 5 o 10 minutos. Cuando llega ese límite dividimos para saber cuál es nuestro número de ppm.

Parámetros

Según los especialistas, una velocidad de lectura normal es de 250 a 300 ppm. Un estudiante universitario, que ya trae cierta práctica, ronda las 450 ppm.

Si logramos entre 600 o 700 palabras leídas y comprendidas en un minuto, estamos muy cerca de los parámetros de un estudiante universitario que ya utiliza la técnica de lectura veloz.

Si lográramos las 1000 ppm o más, estaremos codeándonos con los lectores más veloces del mundo.

Ganemos tiempo y conocimientos en el menor tiempo posible. Un nuevo desafío.