Vivimos rodeados de artefactos y aplicaciones que nos piden password todo el tiempo. Cómo saber si tus contraseñas son seguras y evitar un dolor de cabeza.

Contraseña para el mail, las redes sociales, el home banking, la alarma de casa, el celular, el Wi-Fi. Ya no recordamos tantos códigos numéricos, alfanuméricos, con mayúsculas y minúsculas, con o sin signos de puntuación y todo lo que ya sabemos.

Lo más simple es utilizar siempre la misma secuencia de números, pero también es la más peligrosa a la hora de preservar y cuidar nuestros datos e intereses.

Parece mentira, pero aun en 2020, la seguidilla “123456” sigue sin tener rival y continúa como una de las peores y más usadas contraseñas del mundo.

La consecuencia: una de cada 142 contraseñas hackeadas tiene esta combinación como clave.

En estos tiempos de pandemia y comunicación remota, más de medio millón de cuestas Zoom han sido expuestas. Se supo luego que la fragilidad se daba tras utilizar la misma contraseña en varios servicios digitales.

Tras un estudio realizado a nivel mundial sobre bases de datos, la peor contraseña del mundo, y lamentablemente una de las más utilizadas, es “123456”. Esta secuencia, simple, común y muy fácil de recordar es el punto en común de miles de millones de inicios de sesión que sufrieron hackeos en el mundo.

Además, el informe estableció que utilizar “654321” suele tener un efecto similar.

Debemos sentirnos seguros cada vez que estamos frente al teléfono, Tablet o PC y nos disponemos a abrir nuestras cuentas.

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¿Cómo crear contraseñas seguras?

Podemos acercar algunos trucos, pero es importante tener en cuenta que ya hay sistemas y aplicaciones a los que podemos recurrir para que nuestras contraseñas no sean simples de dilucidar.

Existen gestores de claves y contraseñas, que generan los códigos para evitar, en la medida de lo posible, ser invadidos.

Pero ¿cómo hacemos para crear contraseñas difíciles, únicas, extrañas y luego recordarlas?

No es un problema solo nuestro. Ocurre a nivel global.

De hecho, el estudio al que hacíamos referencia, llegó a algunas conclusiones muy interesantes.

En un análisis de campo sobre más de mil millones de contraseñas, se estableció que:

– Entre mil millones de contraseñas, 7 millones eran “123456”.

– El 13% eran password de solo números.

– El 29% de las contraseñas eran en letras.

– De más de mil millones, solo 169 millones eran contraseñas únicas.

– En promedio, las contraseñas tienen 9 caracteres.

– Casi el 35% de las contraseñas terminan en números.

– Solo el 4% comienzan con números.

Password indescifrables

La idea es establecer una contraseña que no sea débil para que los atacantes virtuales no nos hagan pasar un momento para el olvido. Así mismo, crear una contraseña bien compleja, casi indescifrable, aunque lo más probable es que sea imposible de recordar.

Un buen truco es que logremos crear una contraseña más bien larga. Se suele recomendar contraseñas con mayor longitud y mezclando letras, números y símbolos, ya que nos da mayor posibilidad de ser resistentes a los hackeos.

Está claro que una contraseña es potencialmente pasible de ser vulnerada si no es lo suficientemente compleja.

Uno de los principales consejos al crear una contraseña segura es no repetirla en otros servicios. Pero claro, habrá que tener mucha memoria para recordarlas todas.

¿Y entonces?

Tranquilos: existen métodos y herramientas para estar seguros sin grandes esfuerzos y sin derretir nuestro cerebro.

– Gestor de contraseñas: Es una gran herramienta que permite generar una contraseña distinta para cada servicio que utilizamos y solo nos exige recordar la contraseña del gestor. Todas las demás están dentro. El sistema también permite establecer controles de autentificación con pasos para confirmar que somos nosotros los que accedemos. También ofrecen recomendaciones para modificar contraseñas débiles, antiguas, repetidas o ya hackeadas.

– La mayoría de los navegadores ya cuentan con sus propios gestores de contraseñas que son más bien limitados y solo permiten recordar los códigos de accesos ya utilizados.

– Existen otros gestores no nativos, por así llamarlos, que consisten en aplicaciones o plataformas, gratuitas o de pago, que almacenan, protegen y administran las contraseñas. Algunos pueden incluir un sistema de creación automática y aleatoria de contraseñas fuertes. También cuentan con un sistema de alerta cuando creamos contraseñas débiles o muy repetidas.

– Dentro de las novedades de los gestores de contraseñas, se encuentras los que tiene sincronización directa con la nube para utilizar las mismas contraseñas en varios dispositivos.

¿Qué es lo que no debemos hacer?

Ante la disyuntiva de inventar una contraseña fácil de recordar pero insegura o una inviolable pero extremadamente difícil de memorizar, te acercamos una guía de lo que no debemos hacer.

Además de no utilizar la ya trágica secuencia “123456”, tampoco usemos otras palabras como “contraseña” o “password”. Es divertido, pero frágil.

Tampoco:

– Utilicemos fechas personales, como cumpleaños o aniversarios.

– No usemos letras y números de nuestras patentes del auto.

– El nombre de la mascota es una malísima idea.

– No reemplacemos letras por números. Los programas de hackeo ya lo descifraron. Por ejemplo “P455w0rd” por “Password”.

– Que nunca tu contraseña sea tu nombre de usuario.

– No repitamos contraseñas en dos o más sitios.

– Evitemos la opción “recordar contraseña” que nos ofrecen los navegadores.

– No. Tener un Word con todas las contraseñas no es seguro.

– Que no sean cortas. Entre 9 y 12 caracteres. Más larga, mejor.

– Ni todo minúscula ni todo mayúscula, mezclado, con números y símbolos.

Resumiendo: lo mejor es una contraseña larga, complicada, con mayúsculas, minúsculas, símbolos y números. Con un gestor solo deberemos recordar la contraseña del gestor y listo.
Lo importante, no cometamos el error de creer que “123456” puede cuidarnos. Está mundialmente demostrado que no.