Toda la emoción de la pantalla gigante, en pantuflas.

Si tomaste la decisión de adquirir un proyector para tu mejor y más placentero esparcimiento, abriste una puerta con muchísimas opciones. Quizás demasiadas.

Por eso te acercamos una guía completa de lo que tendrás que saber antes de comprar un proyector.

Como todos los artefactos, gracias a la tecnología, han evolucionado de gran manera, mejorando en prestaciones y características.

Antes de empezar a buscar un proyector y adquirir uno, debemos tener en claro para qué lo vamos a utilizar, dónde lo ubicaremos y cuánto dinero estamos dispuestos a invertir en este gustito.

Si no tenemos esas respuestas, no es conveniente ni buscar en Internet. Si ya nos las respondimos, sabremos ir descartando opciones y tamizaremos los posibles proyectores con la mejor relación calidad-espacio-precio.

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Pantalla o pared

Es parte del dilema. ¿Sobre qué superficie proyectaremos?

Dicen los expertos que la pared no es la mejor solución para una utilización profesional. Pero si este nuevo amigo será de uso doméstico, una pared blanca o gris, siempre mejor mate y no con brillo, es una alternativa económica y efectiva.

De todas formas, si el presupuesto nos lo permite, una pantalla de proyección optimiza todo lo que le estampe el proyector.

Sala del proyector o sala con proyector

Nadie dice que tengamos que colocarlo en una sala exclusivamente dedicada al proyector, cambiando los colores de las paredes y el techo, quitando el empapelado o teniendo que retirar el piso brilloso para evitar el reflejo. No es condición, claro está.

Pero armemos donde armemos nuestra sala fija o móvil deberemos tener en cuenta que el enemigo número 1 de nuestro proyector es la luz natural. Entre sus cualidades está ganar presencia y generar molestia desde un mínimo hueco. Y rebotar por todos lados. Si la sala tiene planos claros, ahí encontrará esa luz malvada, socios multiplicadores.

Es por ello que, cuanto más apagado e incluso oscuro sea el tono general de la sala, menos posibilidades de rebotes y menos potencia le exigiremos a nuestro proyector.

Ubicación

Lo primero es calcular cuánto espacio real tenemos para colocar todo y hacia dónde proyectaremos.

Ya te dijimos, evitemos focos de luminosidad como ventanas, lámparas o reflejos en espejos.

En la medida de lo posible, es ideal dejar fijo el equipo, alejado de las zonas de transito familiar. Es posible que debamos realizar alguna obra para colocar soportes o cableados. Si la idea es que quede suspendido del techo, es posible que necesitemos asesoramiento técnico.

Un dato importante es que la mayoría de los modelos tiene mecanismos de corrección de imagen por si el ángulo o la definición no quedaron correctos.

Relación de distancia entre el proyector y la pantalla/pared

Ese dato existe y es realmente útil. Si bien no son valores exactos, ya que varían según la calidad el proyector, ciertas especificaciones técnicas permiten optimizar el uso.

Esta relación y su resultado son conocidos como throw ratio. Nuestro proyector debería traerlo en las indicaciones.

También encontramos en el mercado, proyectores de corta distancia que son muy prácticos para solucionar el clásico tema del poco espacio, y permiten proyecciones con un buen ángulo a solo 1 metro de la pantalla. En este caso, la superficie no debe tener ningún detalle que disperse la proyección y por consiguiente, la atención del espectador.

Hablemos de las especificaciones técnicas: formato y resolución

El formato de un proyector es la proporción entre el ancho y el alto de la imagen proyectada. No hay una que sea la mejor. Siempre depende del contenido a proyectar y sus formatos propios. Las más comunes son:

· 4:3. Es prácticamente un cuadrado y está orientada a documentos de tipo presentación, diapositivas, videos familiares con fotos, películas clásicas o diapositivas.

· 16:9. Son formatos panorámicos, ideales para películas actuadas o animadas, canales de TV en alta definición, deportes en HD. También permiten proyectar en muy buena calidad dispositivos digitales como DVD o Blu-ray.

La resolución en un proyector es el número de píxeles que es capaz de mostrar para formar las imágenes y por consiguiente, cuanto mayor sea el valor, mejor la definición y detalle.

Resoluciones existen muchísimas, pero nombraremos:

· Full HD o 1080p (1920×1080): perfecta para Blu-ray, PlayStation y alta demanda.

· HD o 720p (1280×720): para contenido en HD.

· XGA (1024×768) y WXGA (1280×800): usuales en portátiles y muy utilizadas en salas de reuniones. Son las hermanas más jóvenes de las VGA (640×480) o SVGA (800×600).

· 4K – UHD (3840×2160): es la más contemporánea. Hay cada vez más contenido en Ultra Alta Definición para proyectores 4K. Incluso los nuevos TV y SmartTV ya son 4K y hasta 8K.

Importantísimo: Si el contenido que pretendemos ver tiene distinta resolución que nuestro equipo, es probable que el proyector se adapte y salte a la inmediata y similar posibilidad de proyección, pero por lo general aparecerán algunas distorsiones. Siempre es recomendable respetar la resolución del proyector.

Por último, revisamos previamente brillo y contraste

Es fundamental conocer la relación entre proyector y lúmenes. El brillo del proyector o la potencia lumínica, son los lúmenes que tendrá la fuente de luz de nuestro proyector que puede ser de lámpara, láser o LED, por ejemplo.

Las de LED tienen menos potencia, pero duran más. Las lámparas emiten mucha luz, pero se calientan y agotan. Y los proyectores laser son los de mayor calidad e intensidad, pero el precio suele ser elevado.

Con esta información notamos que la intensidad, el consumo y la eficiencia de cada una de estas fuentes lumínicas son diferentes. Y el nivel de brillo influirá directamente en el contraste de las imágenes.