Estar en la onda del ejercicio no solo tiene que ver con lo estético, también incluye mejorar la salud. Te acercamos una guía para ser una mamá fitness que quiere estar bien y sentirse mejor.

En casa o en la vía pública. En un gym o con videos tutoriales desde la Tablet, tenemos referencias y guías de cómo de a poco y a conciencia podemos ir acercándonos a la actividad física o movida fitness.

Esta tendencia está en alza no solo por los resultados que se pueden percibir en la apariencia física sino por una cuestión de bienestar y salud. No quedarse quieto, sedentario, trae una serie de beneficios tanto para el cuerpo como para la mente, transformándonos y mejorando nuestra calidad de vida.

Las madres de familia no se alejan de esta realidad y de a poco dan el paso para convertirse en “mamás fitness”.

Esta idea no es simple de llevar a la práctica debido a sus múltiples actividades en el ámbito laboral y profesional, las responsabilidades del hogar y el cuidado de los hijos.

Sin embargo, como en todo, lo importante es animarse a dar el puntapié inicial.

Por eso te acercamos una serie de tips muy prácticos y reales para ser una mamá fitness y no morir en el intento.

Niños y pantallas: ¿ya es hora de que tenga una Tablet?

– Planificar y mejorar nuestra dieta: es sabido que la alimentación es un pilar fundamental para lograr un estilo de vida equilibrado y saludable. Es muy habitual que las madres estén celosamente atentas de los platos de sus hijos, con especial atención en los ingredientes y en los gustos de los pequeños. Pero también es muy común que descuiden su propia dieta, comiendo a deshoras, desequilibradamente. Es por ello que es necesario planificar y coordinar una dieta alimenticia que contemple las variaciones y opciones que el cuerpo necesita, atenta también a las exigencias y actividades que se realizan.

Se suele recomendar la entrevista con algún profesional de la salud. Desde esa consulta, elaborar un menú nutritivo y bien distribuido en las comidas del día y sus colaciones es decir, desayuno, media mañana, almuerzo, merienda y cena.

Nunca tener largos periodos sin incorporar alimentos. De esta forma controlaremos nuestra ansiedad, apetito y parámetros de salud.

– Tiempo para el ejercicio: que nada eclipse el tiempo que dedicamos a la actividad física. Es el tiempo que necesita el cuerpo. Como sabemos la práctica constante de actividad física ayuda a mejorar el estado de salud. El ejercicio permite conseguir más energía, tonificar muscularmente, reducir medidas, por ejemplo, luego de los cambios que trae haber sido mamá.

¿Cómo comenzar? Muy simple, con caminatas diarias de 30 minutos. Luego que el cuerpo comienza adaptarse al esfuerzo, será el momento de inscribirse en un gimnasio o contar con la guía de un entrenador personal dos o tres veces por semana.

Por otra parte, en muchos gimnasios ofrecen rutinas de ejercicios especialmente pensadas para madres recientes.

Si el bolsillo aprieta y una cuota de gimnasio se hace difícil de enfrentar, podemos buscar en internet rutinas para desarrollar al aire libre si el clima lo permite o bien dentro de casa. También en nuestro teléfono podemos descargarnos apps con ejercicios y rutinas coordinadas. De todas formas, reiteramos que es siempre importante consultar

con un especialista para no sufrir dolores o lesiones y conocer cuál es la actividad física correcta basados en parámetros como la edad o el peso.

– Es importantísimo dormir bien: dormir es tan importante como comer o ejercitarse. Claro que las responsabilidades de una madre, esposa, profesional y ama de casa, hacen que el descanso no sea el necesario o suficiente. Esto convierte a las madres en blanco fácil para la irritación y el estrés. Es importante tener en cuenta que 7 u 8 horas es el tiempo de sueño reparador necesario que debería descansar un adulto. Si nos llevamos el ruido de la jornada, los problemas y obligaciones a la almohada, dormiremos mal. Si suele costarnos conciliar el sueño, es recomendable disfrutar de un té relajante antes de acostarse. Es simple y siempre ayuda.

– Siempre tomar agua: para mantener un estilo de vida saludable a cualquier edad es necesaria la ingesta de líquido de manera permanente. No bebamos agua solo cuando tenemos sed, esto sería un error peligroso para nuestro organismo. El agua aumenta la velocidad del metabolismo, evita enfermedades respiratorias, alivia problemas digestivos y contribuye a la reducción de talla. Mejora la piel y la hidrata dándole vitalidad y elasticidad.

– Nunca omitir el desayuno: podrá ser una frase repetida, pero sigue siendo verdad: el desayuno es la comida más importante del día ya que incorpora los nutrientes y energía que el cuerpo necesita ni bien arranca la jornada. Si ya estamos realizando actividad física, el desayuno debe incluir carbohidratos y proteínas que ayudarán a cumplir las rutinas sin que el cuerpo sufra. Sin desayuno, el motor no tiene combustible.

– Un lugar para parar: es ese espacio físico y temporal que necesita nuestro cuerpo y mente para descansar. Ese ámbito permitirá desconectarse de las obligaciones para poder cargar energías y perseverar en la sana idea de ser una mamá fitness. Es importante manejar los niveles de estrés que generan la vida laboral y personal. Este espacio de calma es tan importante como correr un kilómetro más o reducir el talle.

– Organización y coordinación: son las palabras claves en esta cruzada de la mamá fitness. Planificar desde lo alimenticio hasta la administración de tiempos es fundamental para que los imprevistos sean menos y nada atente contra la rutina. Podemos cocinar por adelantado y “freezar” para no salirnos de nuestra dieta y que siempre tengamos un plan B saludable en la mesa. De esta manera, se evita consumir alimentos fuera de la dieta que apuntala el objetivo fitness deseado. Coordinar y ordenar los horarios y tiempos de descanso, comidas y actividad, es valiosísimo y no lo debemos descuidar.

Por último, que nada genere desánimo. Los resultados no son inmediatos pero no por eso vamos hay que abandonar o perder la calma. El proceso de perder peso y tonificar lleva tiempo. El cuerpo cambió en los meses de gestación y ahora tiene un camino por delante. Cero frustraciones, mucho trabajo, fuerza y suerte en esa cruzada.