Ir de camping es bueno para tu salud por varias razones.

Desde hace casi 15 o 20 años el concepto de vacaciones ha cambiado. Antes se elegía un destino donde las familias hacían base entre 15 días y un mes. Hoy las vacaciones son escapadas, con itinerarios intensos, con agenda de actividades para no perderse nada en pocos días. Inclusive un fin de semana.

Esta variación ha afectado también en rol de los campings o espacios de acampe.

Pero el turismo en camping no ha desparecido. Muy por el contrario una nueva tendencia de contacto con la naturaleza, ha generado una reactivación en el espíritu de los acampantes de antes y los nuevos. Estos últimos, por lo general, más cercanos al compromiso ecológico.

De todas formas, este modo de disfrute incluye siempre una cuota de pasión y algo de ritual. Llegar al establecimiento, armar la carpa, que puede ser estructural o alpina, colocar un gran toldo o antecarpa para que haga de living-comedor, el lugar donde estará la parrilla o el fogón. Todo es un paso a paso desde lo logístico.

Los tiempos han cambiado, decíamos, por eso nuestra pesada bolsa con todos los caños ya no está y las estacas con plásticas.

El armado y desarmado ahora son prácticos y fáciles, los materiales livianos. Es más, hay carpas tipo iglú que se arman solas.

También están los que hacen camping desde el motorhome y casillas rodantes, casas minirodantes, trailers plegables, todo muy sofisticado. Tienen un confort distinto, y también son bienvenidos al acampe.

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Público más exigente

La pasión se vive igual, pero el nuevo acampante suele exigir otras comodidades.

Antes, para el baño por ejemplo, alcanzaba un buen escondite y era parte de lo distintivo de esta aventura. Hoy los campings se adaptaron a la demanda con servicios sanitarios, agua caliente las 24 horas, duchas y más. Hasta Wi-Fi.

Algunos espacios llaman acampe al servicio de cabañas o dormis, parcelas cubiertas con espacios comunes, para el descanso o recreación. También quinchos o salones para el asado compartido.

Vemos que hay cambios en la demanda y esto requiere que la oferta se adapte.

Pero lo lindo de acampar es ese silencio. El aire fresco. El no tener obligaciones más que sobrevivir en ese lugar placentero que nosotros hemos elegido.

Además, acampar trae directa o indirectamente, otros beneficios:

– Quemamos calorías sin darnos cuenta

Cuando vamos de camping, queriendo o sin querer, hacemos ejercicio. El ámbito invita a recorrer senderos, escalar empinadas cuestas, cruzar arroyos o ríos, caminar por la costa sin referencias métricas. Esto pone en funcionamiento nuestro cuerpo y nos ayuda a quemar calorías. Estos paseos son buenos para nuestra salud en general, pensamos en otras cosas, nos desconectamos, logramos paz interior. A nuestro cerebro esto le hace bien, y repercute en una mejor forma de procesar la información, seleccionando, eligiendo mejor entre las opciones.

Si salimos a caminar, siempre es recomendable llevar recipientes con mucha agua, ir hidratándose al andar. Las mochilas de trekking son cómodas y livianas y podemos

agregar algún alimento y hasta abrigos por si nos sorprende un cambio de clima. Un consejito: la mochila bien ajustada a la espalda. Evita lesiones y permite mantener el control de la carga, para que no la enganchemos en plantas o arbustos.

– Acampar nos poner de buen humor

Estar al aire libre es fundamental para relajar la mente. Cuando empezamos a alejarnos de la rutina citadina, nos mejora el humor. Existen investigaciones científicas que esgrimen que pocos minutos caminando al aire libre, entre la naturaleza, disminuyen los síntomas de depresión.

Nuestros días de camping deben estar acompañados de música, en volumen aceptable, sin invadir a otros vecinos acampantes. Parlantes pequeños con Bluetooth, equipos casi de mano, audífonos, todo sirve para acompañar nuestra estadía. Siempre se dice que la música tiene poderes que repercuten en una mejor calidad de vida. Hasta le atribuyen cualidades curativas. Entonces música tiene que haber.

– Encuentro espiritual

Hablábamos de la música, pero también valoramos lo mágico del silencio. Estar entre árboles y animales, incluso cerca del mar, sintiendo sus sonidos, sus aromas, la naturaleza pura, todo nos genera paz interior. Este estado introspectivo donde abundan los suspiros y un pensamiento más profundo permite que nos conozcamos o reconozcamos mejor a nosotros mismos. Al contemplar las estrellas o ver el fluir de un río, pueden surgir meditaciones simples o hasta espacios de yoga. En la naturaleza además, nos colmamos de energía nueva y sana.

– Busquemos la desconexión total

Son muchos los que buscan en el acampe más y nuevos servicios, como dijimos antes. Pero son muchos también los que buscan, en lo posible, no tener señal de telefonía móvil. Es una tendencia de los acampantes de los nuevos tiempos. Señal solo en caso de emergencias, sino, teléfono apagado, sin paquete de datos. Esto es más difícil entre los más jóvenes que viven conectados y subiendo imágenes y videos en las redes sociales.

Lo que plantean los amantes del camping es que, al no tener los ojos en el dispositivo, buscaremos nuevas formas de pasar el tiempo, más útiles y positivas y que nos permitirán desarrollar nuestra creatividad. Además nos alejamos de los problemas y obligaciones que traíamos.

– Dormimos mejor

No hablamos de cantidad de horas, hablamos de calidad de sueño. Los más fanáticos del acampe manejan su día con la luz natural. Como en el comienzo de los tiempos, el día lo maneja el sol y la luna. Si febo asoma, es hora de levantarse; se va el sol, es hora de ir a la cama. Se sabe tanto de los beneficios de la luz solar como de los efectos negativos de la luz artificial. Con este hábito de acampe, el día se vive intensamente mientras brilla el sol y por la noche se duerme mejor. Esta rutina de camping regula nuestro ritmo cardiaco, lo equilibra. A la hora de dormir es recomendable invertir en colchonetas que nos resulten cómodas y reparadoras. Si nos gusta descansar a la luz de las estrellas, podemos invertir en una hamaca.

Parece mentira que haya una vida mejor lejos de las pantallas. Realmente no nos damos cuenta el tiempo y la atención que les brindamos.

Es cierto que en estos tiempos es muy difícil alejarse de estos estímulos y conexiones, pero podemos hacer la prueba. Unos días en la naturaleza, disfrutando de un acampe, nos permitirá hacer un click positivo en nuestra calidad de vida.