Te acercamos algunos tips para tu propia quinta, sin preocuparte por el espacio.

Seguro más de una vez pensamos en tener un huerto o quinta en casa, aunque es posible que siempre se haya impuesto la falta de espacio en el departamento, balcón, terraza o patio interno.

Sin embargo, en este informe daremos los pasos necesarios para hacerlo realidad.

Con un poco de esfuerzo y dedicación, vamos a lograr el sueño de disfrutar de todas las ventajas y beneficios que ofrecen los alimentos naturales, sembrados o plantados por nosotros.

Es bueno saberlo de antemano. Nuestro huerto no solo nos permitirá ahorrar cultivando sabrosos alimentos naturales, sino que ganaremos salud al evitar los productos químicos que suelen aplicarle en las siembras más industrializadas. Además, el cuidado de un cultivo nos dará un nuevo espacio de relax para nuestra mente.

Como vemos, son todas buenas.

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Primero debemos elegir el lugar

Ningún espacio es poco. Incluso podemos colgar masetas con plantas desde nuestras ventanas. Hay que aprovechar el espacio al máximo.

Hay dos cuestiones esenciales a las cuales debemos prestarle atención antes de comenzar: la luz y el sistema de riego. Sin estos dos puntos resultos, nada funcionará.

También tenemos que escoger el cultivo que mejor se adaptará a nuestro espacio y conocer las fases del proceso de crecimiento de nuestra pequeña siembra.

¿Qué necesitamos para crear nuestro huerto urbano?

Es posible que atentos al poco espacio, lo mejor sea plantar semillas y hacer todo el proceso sin mover demasiado nuestro pequeño cultivo. Busquemos el lugar más idóneo, incluso proyectando su crecimiento y la llegada de los frutos.

Lo dicho: es muy importante que reciba luz solar directa y que el espacio de la tierra sea profundo, que pueda recibir la cantidad de agua necesaria. Deberemos garantizar un espacio ventilado, pero no así ventoso.

Si pensamos en cultivar en masetas, procuremos que tengan buena profundidad.

Tan importante como el lugar y sus cualidades es saber elegir qué plantaremos. La idea es que logremos cierta rotación, con cultivos creciendo todo el año, pero en ciclos cortos. Por ejemplo las lechugas o cebollas, o algunas aromáticas, suelen ser una muy buena primera experiencia.

Vamos paso a paso

1. El sustrato o tierra: Sano, fuerte y ecológico. Preferiblemente utiliza el compost, con la mezcla de otras plantas y restos orgánicos. El sustrato que logremos será determinante para nuestra plantación.

2. Elijamos la forma de siembra que utilizaremos: podemos hacer siembra directa tanto en la maseta como en un cajón. Será muy importante averiguar cuáles son los frutos que podemos o no trasplantar durante el proceso.

3. Trasplantar: es una tarea que no es ni sencilla ni compleja, pero necesita del conocimiento de los tiempos de la planta. Debe realizarse sin dañar las raíces y claro, atentos a las necesidades de riego.

4. Abono: nuestra tierra debe permanecer bien nutrida. Es recomendable abonar al menos 2 veces al año. Además, continuaremos utilizando nuestro compost para que la tierra recupere los minerales y nutrientes.

5. Riego: Si podemos, y nos armamos de algunos tutoriales y algunas herramientas, sería aconsejable un sistema de goteo. Ahorra recursos y el consumo de agua es responsable. En verano el riego deberá ser 2 o 3 veces al día.

6. Paciencia: es fundamental. Que nuestras ganas de ver crecer las plantas no nos hagan exagerar con el riego, con el movimiento de tierras o alguna mala idea más. Averigüemos previamente qué tiempos necesita cada siembra, así no metemos mano innecesaria y peligrosamente.

Tips extra

· Rotación: Es importante alternar plantas de distintas familias, con distintas necesidades nutritivas en su proceso. Esto evitará agotar la tierra. Mantendrá nuestro suelo fértil y libre de plagas o enfermedades. Por ejemplo, alternar entre papas, zanahorias, remolacha o habas, que maduran más tarde, con lechuga, espinaca o cebolla de verdeo que tienen crecimiento más rápido. Dejemos pasar 2 o 3 años para volver a cultivar lo mismo si son de evolución lenta.

· Otro consejo sobre riego: La mejor hora para regar es a la mañana, ya que el agua escurre hacia las raíces antes de la temperatura más elevada del día, minimizando la evaporación. En verano o primavera se requiere más riego porque los cultivos están en pleno desarrollo y producción de frutos. Pero a no excedernos: demasiada agua asfixia las raíces.

· Cosecha: Cuando sea el momento, conviene realizar cosechas regulares, cada 20 días aproximadamente. En verano, también la mañana es el momento, o al terminar el día. Las verduras de hojas conviene recolectarlas extrayendo las hojas más grandes que suelen ser las externas. Siempre cosechemos los frutos maduros. Dejarlos podría afectar la vida de la planta.

· Semillas: Es un tema siempre de esta actividad. Pero la mejor idea es, después de nuestra primera cosecha, no depender de otros. Generemos nuestras propias semillas, recolectándolas de nuestras plantas más saludables y que mejor nos rindieron. Si hacemos este trabajo, reiniciamos el ciclo: las semillas germinarán, avanzarán hacia una planta sana, robusta y vital que volverá a darnos sus frutos.

· Aromáticas, un buen comienzo: Son las que utilizamos generalmente para condimentar nuestras comidas. Suelen ser resistentes a los cambios y a nuestra inexperiencia. Requieren poco cuidado y además, nos darán satisfacción pronto ya que veremos que nuestra pequeña huerta da sus primeros frutos.

Como vemos, todo depende de nosotros. Desde la primera elección de semillas y plantas, hasta la responsabilidad de cosechar y continuar el ciclo.
Lo importante es no perder los objetivos de un consumo responsable, lograr alimentos saludables y como efecto adjunto, ahorrar dinero.