La infusión más popular de la Argentina tiene sus secretos.

Es muy posible que creamos que nadie prepara el mate como nosotros. Es muy común que pensemos que no hay yerba como la nuestra. Es más: habrá quienes se sientan innovadores y hasta trasgresores con el mate. Sin embargo, la historia de la yerba mate y de nuestra infusión popular más elegida, tiene siglos.

La historia de la yerba mate

Este frondoso árbol de hojas verdes, cuyo nombre científico es ilex paraguariensis, crece y se produce principalmente en Misiones y Entre Ríos, en el litoral argentino

Si nos preguntamos quién lo descubrió y cuándo, las respuestas no existen con certeza, pero según el Instituto Nacional de la Yerba Mate, los nativos del pueblo originario guaraní fueron sus pioneros, antes de la llegada del español en el siglo XV.

Cuentan los historiadores que luego de la recolección manual, ponían las hojas ya molidas y tostadas en un mate tipo calabaza, le agregaban agua y sorbían la infusión con una caña ahuecada.

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Además, como los pueblos originarios en general, eran agradecidos con la naturaleza por los dones que les brindaba, así que también rendían homenaje y veneraban al árbol de la yerba.

Se consumía mate casi todo el día, variando la temperatura del agua, para contrarrestar el clima. El mate caliente es mate; el mate frío es tereré.

Si bien los guaraníes poblaban Paraguay y el litoral argentino, la llegada de las misiones jesuitas permitió la expansión por toda Sudamérica de la yerba mate y el hábito de su consumo.

Con el paso del tiempo, el mate se volvió también compañero del gaucho y de allí en más se arraigó a nuestra cultura popular, siendo sinónimo de compartir y disfrutar, generalmente en grupo o acompañado.

Con el paso del tiempo los procesos manuales fueron superados por cierta industrialización, convirtiéndose en la fuerte actividad productiva que conocemos hoy.

La variedad

En góndola encontramos yerba mate con y sin palo, orgánica o saborizadas, bajas calorías, suaves y fuertes, digestivas, con miel, para tereré; es decir, con y sin de todo.

Los mates también se fueron adaptando: de aquella calabaza a mates de metal con una o dos asas, cerámica, madera y hasta goma.

Las bombillas han sido las más conservadoras en este proceso, sin grandes cambios.

La intensidad, sabor y duración del mate van a estar determinados por el tiempo de estacionamiento y secado de la yerba y las proporciones entre palo, hoja y polvo.

Tipos de yerba para un buen mate

Antes de desandar opciones, está claro que el mejor mate siempre es el nuestro.

Después, con el paso del tiempo, podremos ir probando otros o en alguna rueda de mate en la que estemos de invitados, probar sabores que no conocíamos.

Pero a grandes rasgos, estos son los tipos de yerba:

Yerba mate con palo: la mejor opción para un mate suave y duradero. El 70% son hojas secas y trituradas y el restante 30% es palo de la planta y hoja.

Yerba mate sin palo o despalada: es para los que buscan un sabor de intenso a fuerte. Es un mate duradero, pero como todo en exceso, puede tener algún efecto estomacal según la sensibilidad del consumidor.

Yerba mate compuesta: se suelen agregar sabores de otras hierbas como tilo, manzanilla y boldo, por ejemplo. Aunque el mate tiene propiedades antioxidantes y energizantes, este tipo mix le suma otros beneficios, digestivos o relajantes, por ejemplo.

Yerba mate saborizada: la anterior era compuesta, que no es lo mismo que saborizada, donde las yerbas están elaboradas con esencias naturales y el agregado de sabores que van desde cítricos tradicionales hasta vanguardistas toques exóticos, como frutos tropicales.

Yerba mate para tereré: como contamos, podemos encontrar yerba exclusivamente elaborada para el tereré, mate frío generalmente dulce, gran guerrero anti calor. Se utiliza una molienda más bien gruesa con menor contenido de polvo para no tapar la bombilla. Se toma vertiendo agua fría con algo de limón o limonada. También hay quienes toman el tereré con jugos naturales y hasta con gaseosas de lima-limón.

Yerba mate orgánica: es un tipo de yerba que se produce de una manera tan tradicional como en sus inicios, pero hoy se genera con compromiso, como exigen estos tiempos. En su elaboración se tiene especial cuidado en el medio ambiente, desde la siembra hasta la cosecha, no utilizando agroquímicos. Estos procesos y productos deben estar certificados y exigen cumplimientos totales, desde el contenido hasta el envasado. De hecho, en Argentina el Estado otorga el sello que certifica el proceso.

Hora de tomar mate

Te acercamos 7 pasos para preparar un buen mate

1. Calentamos el agua y luego colocamos en un termo para que no pierda calor. La temperatura justa es entre 70 y 80 grados Celsius. Menos no es aconsejable y más, podrías quemar la yerba.

2. Ponemos la yerba dentro del mate hasta alcanzar las tres cuartas partes del mismo; que quede lugar.

3. Tapamos con una mano la boca del mate, lo invertimos y agitamos unos instantes para que las partículas más finas y el polvo queden en la parte superior del mate. Si le sacamos este polvillo evitaremos, casi siempre, que se tape la bombilla. Volvemos a poner el mate en su posición normal manteniendo la yerba inclinada o recostada hacia una de las paredes, formado un pequeño hueco justo en frente.

4. Para comenzar ponemos un “chorrito” de agua tibia en el hueco que hicimos. Esto templará el mate y evitará que quememos la yerba.

5. Luego de unos breves instantes, en ese mismo hueco, introducimos la bombilla, sin escarbar, solo intentando llegar al fondo.

6. Ahora sí. Todo listo para empezar a tomar mate. Vertimos agua del termo siempre en el hueco, sin mojar toda la yerba, ya que la que permanece seca será la que mantenga la renovación del sabor.

7. Por último, tratemos de no mover la bombilla y cebar siempre en el mismo lugar.

Podés tomarlo solo o compartirlo, pero con todos estos datos y procesos, no te puede fallar. A disfrutarlo.