Como padres buscamos siempre la sonrisa de nuestros hijos, pero debemos velar por su seguridad hasta cuando juegan.

Los parques de juegos infantiles, ya sea en espacios públicos o en el patio de casa, ofrecen a los peques la posibilidad de jugar libremente, divertirse, hacer tanto ejercicio como socializar y conocer nuevos amigos.

Pero es cierto también, que estos espacios o instalaciones recreativas, pueden significar algunos riesgos, ya sea por tener juegos defectuosos, sin mantenimiento, superficies inadecuadas o el comportamiento imprudente de un tercero.

Año tras año vemos que es constante y por temporadas en crecimiento, el número de niños atendidos en salas hospitalarias como consecuencia de las lesiones provocadas en parques infantiles. Lesiones que podrían haberse evitado.

Como padres, debemos revisar estos espacios y juegos para estar más tranquilos, vigilando los detalles para luego considerarlos seguros.

Cuando hablamos de estos juegos de exterior no solo nos referimos a los espacios públicos. En nuestro patio, en un espacio de alquiler para cumpleaños infantiles, en alguna casa quinta, es común ver diferentes entretenimientos o estructuras potencialmente peligrosas y que no siempre tienen el cuidado y mantenimiento debido.

Por otra parte, debemos enseñarles a nuestros peques que al jugar de forma segura, mirando primero, recorriendo el espacio y superficies y respetando las normas del propio parque, será menos probable pasar un mal trago.

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La clave: la supervisión

Los adultos no podemos desentendernos en un parque. No es que nos sacamos de encima los chicos un rato. Al contrario. Siempre debemos tener un ojo vigilando para que en caso de ser necesario, seamos los primeros en asistir y administrar un primer auxilio y contención.

Los niños pequeños y los no tan chicos, suelen tener una exagerada confianza que puede resultar traicionera. Es muy común que no calculen distancias con certeza, tamaños de huecos, altura de juegos y varios casos más. Por eso es tan importante que los vigile un adulto.

Como padres, comprobemos que las zonas de juego estas diseñadas para que siempre tengamos a la vista a nuestro hijo.

También debemos explicarles que no es un campo de batalla ni zona liberada donde todo vale. Este espacio recreativo, tanto público como en el patio de casa, tiene normas. Es nuestro deber ayudarlos a asimilar que esas reglas, lejos de cortar la diversión, hacen que el entretenimiento sea más seguro, especialmente para ellos que son los protagonistas.

Los peques deben:

– No empujarse ni forcejear mientras jueguen. Ordenar y respetar turnos.

– Utilizar las instalaciones correctamente. En toboganes, deslizarse sentados, no trepar por donde no es debido. En hamacas no balancearse de pie, siempre sentados.

– Al salir de un juego tener cuidado de no chocar a otro niño.

– En juegos de salto, flexionar un poco las rodillas en cada aterrizaje.

– No subir con accesorios extras a los juegos.

– Si el espacio de juego incluye bicicletas, siempre utilizar el casco. Luego de la bici, le quitamos el casco para que disfrute de los otros juegos.

– No utilizar nunca las instalaciones si estén mojadas ya que son peligrosas las superficies resbaladizas.

Las temperaturas de los juegos

Ya sea en parques públicos o en los juegos del patio, el estado de los mismos se puede ver afectado por las cuestiones climáticas, particularmente en el verano.

A ese posible deterioro, debemos sumarle que el juego también levanta temperatura al recibir la potencia del sol, provocando en nuestros hijos reacciones en la piel, irritaciones, quemaduras o ardores.

Sentido común: si las instalaciones están calientes, no será ni seguro ni divertido usarlas.

Una quemadura por contacto puede ocurrir en segundos y amargar el día de los peques de la casa.

Normas de seguridad según el juego

Cada estructura requiere normas de seguridad concretas. Nos referiremos especialmente a hamacas, toboganes y balancines (sube-y-baja).

Seguridad en las hamacas

Lamentablemente, son los juegos donde se desarrollan más lesiones. Por eso debemos tener algunas simples precauciones:

– Evitemos sillas de maderas o metal. Mejor materiales blandos como goma o plástico.

– Siempre sentados, nunca de rodillas o parados.

– Mientras se hamacan, siempre sujetándose con ambas manos.

– Para bajar, hamaca completamente detenida, no en movimiento.

– Mantener la distancia con otros niños que se estén columpiando.

– Nunca debe subir más de un niño por hamaca.

– Las hamacas no suelen ser recomendables para los más chiquitos, a menos que tengan dispositivos o sujetadores especiales para la edad.

Seguridad en sube-y-baja o balancín

Es un juego de a dos, por lo que es importante que los participantes cooperen entre sí.

No son recomendables para los más chiquitos tampoco. Son peligrosos para sus piernas a la hora de tocar el suelo. También pueden generarse golpes bruscos en los descensos.

Tengamos en cuenta:

– Un solo peque por extremo del juego. No más. Es peligroso y descompensa el peso a balancear.

– Se juega cara a cara, no de espaldas.

– Sujetarse fuerte, con ambas manos, sin soltarse.

– Los pies a ambos lados, que nos sirvan de impulso y de protección, sin posiciones extrañas.

– Distancia segura. No pasar por debajo del juego en ningún momento.

Seguridad en el tobogán

Los toboganes no revisten mayores peligros y son más seguros si los utilizan con algunas precauciones:

– Utilizar siempre los escalones de la escalera, tomando la baranda. Nunca subir el tobogán desde la rampa.

– Los niños deben deslizarse sentados, con los pies por delante. Es peligroso hacerlo acostado sobre espalda o estómago. Peor aún si bajamos de cabeza.

– Siempre de a uno, no se deben deslizar por el tobogán en grupo.

– Antes de descender, los peques deben asegurarse que no haya otro amiguito en el final del tobogán, para evitar golpes entre ambos.

Nuestro patio o la plaza de juegos, son lugares espectaculares y al aire libre donde los más chicos de la casa viven aventuras que los hacen disfrutar en plenitud. Con algunos cuidados no habrá más lágrimas que las de la risa.