No es una compra de todos los días, pero puede afectar todas nuestras noches. Veamos y repasemos consejos para elegir un buen colchón.

Hay una frase popular que dice que el colchón se cambia cuando se rompe. Puede o no ser así, pero lo cierto es que no es una compra habitual, de todos los días, sino de una vez cada tanto.

Esta compra no es una cuestión que se pueda dejar librada al azar, ya que un tercio de nuestra vida estaremos durmiendo, lo que podría contabilizarse como unos 27 años.

Comprar un buen colchón es un placer.

Comprar un mal colchón, un castigo que repercute en la calidad del descanso, dolores de espalda, menos energía y pésimo humor a lo largo del día.

Opciones hay muchísimas, desde los tamaños y texturas, hasta los materiales de confección del colchón. Es casi un mareo.

Lo cierto es que una buena inversión en nuestra superficie de descanso, bien vale el esfuerzo.

Por eso intentaremos repasar toda la información esencial para elegir fácilmente y sin miedo a equivocarnos.

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Puntos clave para elegir colchón

Para elegir correctamente el colchón de nuestros sueños, nunca mejor dicho, debemos prestar especial atención a los interrogantes y sus posibles respuestas.

Esas respuestas son solo nuestras, ya que no sirven las generalizaciones sobre cómo es el mejor dormir. Eso lo sabemos solo nosotros.

Por eso empecemos a desandar puntos importantes a tener en cuenta.

– El colchón correcto contemplará nuestro peso y altura: Es fundamental este punto. Si somos grandes de contextura y de buen peso, o solo una de estas dos características, debemos buscar un colchón más firme, de equilibrio de peso uniforme, que evite hundimientos. Si somos más pequeños y/o delgados, un colchón flexible será más amable con nuestros puntos de apoyo. En cuanto a las medidas, el colchón debe ser al menos 10 centímetros más largo que nosotros. En el caso de la cama matrimonial, la referencia será el más alto de los dos. Este colchón deberá tener como mínimo 15 centímetros de espesor para asegurar cierto confort. Si bien hay variedad de modelos, una buena sugerencia es un colchón de entre 90 y 110 centímetros si dormirnos solos y de entre 150 y 160 para camas de matrimonio. O más.

– ¿Solo o acompañado? Durmiendo en pareja, lo mejor es un colchón que absorba bien el movimiento. No todos tenemos un dormir sereno y hay quienes son de moverse mucho. Lo mismo ocurre cuando los hijos son de dormir con los padres. Si el colchón absorbe movimientos, no padeceremos el despertarnos asustados cuando el otro experimente cambios de posturas.

– También depende de la postura en la que solemos dormir. Si somos de dormir boca arriba, conviene que invirtamos en un colchón más bien duro que evitará

malas posturas para respirar, y más que nada, incomodas posturas de la columna vertebral, especialmente a nivel cervical y zona de la nuca, así como también en la zona lumbar o base de la columna.

Si dormimos de lado, busquemos un colchón de dureza intermedia, que se adapte a la forma de nuestras caderas y hombros. Por otra parte, si dormimos boca abajo, el colchón deberá ser más bien blando para así evitar malas posturas en la zona del cuello y no forzar demasiado la torsión de nuestra columna. Además, nos vendrá bien dormir con una almohada alta, a menos que nos guste dormir con el brazo debajo de ésta. Si así fuera, deberíamos buscar una almohada fina que no fuerce nuestro cuello en exceso.

– ¿Qué colchón conviene si nos movemos mucho al dormir? Claramente necesitamos un colchón más bien firme, donde podamos deslizarnos fácil sin la resistencia que nos haría para movernos un colchón blando. Busquemos un colchón que tenga la capacidad de adaptarse rápido a nuestro cuerpo ya que en el transcurso de la noche tomaremos varias posturas de sueño distintas.

Colchón duro versus colchón blando

A la hora de la compra, además de elegir el material de confección del colchón, debemos contemplar la firmeza del mismo, buscando que no atente contra nuestra salud y respete la curvatura natural de nuestra columna vertebral.

Es la manera de asegurarnos que lograremos un descanso de calidad, evitando amanecer con intensos dolores de espalda.

El colchón debe repartir de forma adecuada el peso del cuerpo, aportando sujeción pero sin ser incómodo.

Si el colchón es demasiado blando, la columna vertebral no recibirá el apoyo correcto, curvándose de forma perjudicial. Si el colchón es demasiado duro, no se adaptará bien a nuestro cuerpo, resultando incómodo, presionando sobre los principales puntos de apoyo, que son los hombros y caderas.

Con estos consejos y referencias claras, ya vamos bien encaminados a la compra de nuestro colchón.
Como decían los abuelos, “quedate tranquilo y dormí sin frazada”.