Los beneficios de comer pescado son muchísimos. Quizás aún no lo incorporamos a nuestra dieta por mal información. Hoy vamos a derribar mitos del pescado.

Son múltiples las voces mundiales que remarcan lo saludable del hábito de comer pescado.

Sucede que a veces no sabemos ni cómo prepararlo. Busquemos siempre la forma de incorporarlo a nuestra diaria, buscando consejos y técnicas culinarias que hagan del pescado un alimento más atractivo y apetecible.

También es cierto que no tenemos mucha cultura alimenticia a favor del pescado, lo que es muy extraño teniendo en cuenta que nuestro país cuenta con una amplia extensión de playas y mar, con una variada y riquísima fauna marina.

Esta resistencia se debe, en parte, a que siempre existieron muchos mitos y excusas para no disfrutarlo en nuestros platos. Hoy vamos a derribar algunos de ellos.

Si lo que buscamos es incorporarlo, no demos más vueltas: seamos creativos y aprovechemos algunas técnicas culinarias para hacernos más amigos de este alimento sabroso y nutritivo. Quienes ya lo consumen pueden descubrir aquí otros modos de saborearlo.

Hay varias formas de prepararlo. A la parrilla, en la vaporera, al horno o frito. En cuanto al pescado frito, podemos hacerlo de manera tradicional o bien utilizar una freidora eléctrica o freidora de aire, sin aceite.

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Derribando mitos del pescado

Espinas: Uno de los principales mitos alrededor de no consumo de pescado es el tema de las espinas. Si queremos evitar tener que retirarlas, conviene escoger piezas como lomos en lugar de rodajas o filetes. El lenguado o el atún por ejemplo, son buenas elecciones.

Si buscamos pescados con otra texturas, nuestro amigo vendedor de la pescadería sabrá que recomendarnos de la pesca del día.

Olor y sabor fuertes: No todos los pescados son iguales. Los pescados blancos son siempre más suaves. De todas formas no descartemos otros sabores. A la hora de las recetas hoy se cuenta con trucos culinarios para suavizarlos.

Un buen consejo es consumir siempre pescado fresco. Si lo vamos a guardar en la heladera, siempre hacerlo con el pescado ya limpio y en recipiente hermético.

Para suavizar olores y sabores, empleemos salsas y cremas.

Consistencia “rara”: Está claro que somos más de la carne vacuna y que el pescado tiene otra consistencia que puede resultarnos, al menos, distinta. Esa consistencia blanda no es excusa para rechazar el pescado. Existe una gran variedad de especies con una textura más firme. Podemos empezar con esas especies con cocciones más tradicionales, como la plancha, el horno o la parrilla.

El pescado no logra saciar el hambre: Son muchas veces que escuchamos decir que el pescado “no llena”. Una expresión muy argenta.

Y puede ser. El pescado es un alimento menos fibroso que la carne y su digestibilidad viene condicionada por su contenido graso. Claro que también por la forma de preparación o cocción y acompañamientos. Si lo preparamos rico y bien acompañado, no podemos decir que no nos “llena”.

El pescado aburre: Si tomamos la decisión de incorporar pescado o ya lo venimos haciendo, no nos limitemos a un solo tipo de pescado. Busquemos alternar entre 2 o 3 variedades y a su vez, no las cocinemos siempre igual. Parecerá un castigo programado para el que se resiste.

Variemos tipo de pescados y técnicas culinarias, lo que nos dará como resultado una dieta más equilibrada, sabrosa y apetecible.

En Argentina somos consumidores casi en exclusiva del filete de merluza y está bien, ya que es un pescado con muchas posibilidades culinarias.

Para no aburrirnos, podemos prepararla rebozada junto a una ensalada; al horno con unas papas; en salsas o cremas; al horno sobre un fondo de verduras como zanahorias y cebolla gratinada; a la parrilla en papel de aluminio, con verduras y mucho limón; a la sal, o muchas opciones más.

No seamos tímidos y probemos. Estos sabores merecen una oportunidad. Derribemos mitos del pescado.